Le cuenta Gerardo Lugo a Yosgart Gutiérrez que si su generación ganaba cuando menos un título de Liga MX sería recordada como una de puras leyendas del Cruz Azul, pero…
Pero no pudieron. No hubo manera de que Edgar, como le gustaba que le dijeran, pudiera darle a La Máquina lo que tanto deseó entre 1998 y 2020: gloria.
Las plantillas que él integró estuvieron a sólo un partido de lograrlo, pero el futbol a veces es caprichoso y le gusta regalar más “hubieras” que “lo hicimos”.
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¿Por qué Gerardo Lugo prefería que le dijeran “Edgar”?
Hay personas que son llamadas por un nombre -no apodo, nombre- distinto al que recibieron originalmente. Lugo no es de esas. Su nombre completo es Edgar Gerardo Lugo Arandas.
Cuando arrancó en Cruz Azul prefería ser conocido como “Edgar Lugo” y no como Gerardo. La razón es que su padre también se llama Gerardo y se convirtió en figura del club en los setentas ganando títulos.
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Ser conocido de otra manera era para gambetear la presión. No quería ser “hijo de”, sino forjar su propia historia en la institución. Lo logró.
La historia de Gerardo Lugo en Cruz Azul
Gerardo Lugo debutó en el Cruz Azul en el 2007, cuando tenía 22 años. Lo hizo contra el Atlante en la Liga MX.
Ya había destacado en torneos como el extinto Interliga -que daba el pase a la Copa Libertadores– pero no le llegaba esa chance en el primer equipo.
Su creatividad de inmediato llamó la atención y pudo jugar cinco partidos más, completando 338 minutos bajo el mando de Isaac Mizrahi.
No lo tenía fácil para tener actividad en un equipo en el que había otros elementos con esas características como César Chelito Delgado, Richard Núñez o Gabriel Pereyra.
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Tuvo que esperar hasta el Apertura de ese año para hacerse regular. La llegada de Sergio Markarían le dio una mano. Empezó a contar con él y con elementos como César Villaluz y Edgar Andrade.
Llegó su primer tanto contra el Puebla a pase del Chelito. Sonaba a paso de estafeta y así fue.
César se fue al Lyon unos meses después y Lugo pasó de 297 a 962 minutos en sólo un torneo. Ahora su rival por el puesto de mediocampista por derecha era Villaluz. Varias veces jugaron juntos, con alguno actuando por izquierda.
En ese Clausura 2008 llegaron a la Final donde sólo la magia de Daniel Hachita Ludueña evitó que el equipo ganara su noveno título de Liga.
Edgar siguió siendo importante para el Apertura, pero ahora con Benjamín Galindo al mando, quien en el duelo decisivo contra el Toluca apostó por él como lateral derecho, en plan de arriesgar todo.
Otra vez se quedaron con las ganas de salir campeones. Qué dolor.
La salida de Galindo tras el Clausura 2009 y la llegada de Enrique Meza a La Máquina con un cambio de esquema -de jugar con cuatro mediocampistas a hacerlo con tres y una línea de cinco defensas- perjudicaron a Lugo, que apenas salió a la cancha en ocho juegos del Apertura 2009.
Su participación en la serie por el cetro ante el Monterrey fue anecdótica, 14 minutos en la Ida.
En el siguiente torneo no tuvo un solo minuto, pese a que los celestes otra vez jugaban con cuatro en mitad de cancha y para el Apertura 2010 se fue al Puebla. Ahí terminó su historia con Cruz Azul.
