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Imposible no suspirar al recordar: Chelito Delgado, un espectáculo para Cruz Azul

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A César Chelito Delgado le tocó nacer en la época equivocada. Las gambetas no se registraron oficialmente sino hasta hace muy pocos años. Pero el recuerdo con Cruz Azul queda para siempre.

De haber sido un jugador de la era de los Sofascores y los Optas todo el tiempo se hablaría de su gran “porcentaje de acierto en los regates”. Pero no es así. Así que le toca ser uno de los “te acuerdas”.

No son poca cosa las cifras. Objetividad por encima de las percepciones. No ganó títulos con La Máquina, pero hizo algo más importante: quedar en el corazón de quienes lo vieron en vivo en una cancha.

Los números del Chelito Delgado con Cruz Azul

Hay un dato lapidario que cualquier aficionado de Cruz Azul recordaría con rencor en el 99 por ciento de los jugadores: nunca pudo ganarle al odiado rival.

Del Apertura 2003 al Apertura 2007 las cifras lo condenan. Nueve veces enfrentó al América jugando para los celestes. Siete acabaron en derrota.

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La racha que empezó con él y sus compañeros en el verano de 2003 no terminó sino hasta el 2 de octubre del 2010 gracias a Christian Chaco Giménez y un gol con festejo inolvidable.

No importa. Al aficionado cementero eso parece darle exactamente igual.

Pesan y pesarán más sus asistencias (imposible conocer el número exacto en una época en la que sólo se hablaba de tantos) y sus 60 goles en 149 partidos con el equipo.

Dice la aritmética que festejaba cada 205 minutos con 48 segundos, pero la memoria contradice. Celebraba y hacía celebrar cada vez que tenía el balón y enfrentaba a un rival.

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Vitorear en idioma Chelito incluía la previa que regalaba ilusión. “¿Qué va a hacer ahora?”, pregunta obligada que casi siempre -cuestión de subjetiva percepción- era respondida de inmediato con un “¡oh!”.

El asombro como contestación y reflejo del clímax de la magia y la alegría. Un rival más en el suelo. Uno más que primero lo detestaba y después lo admiraba. Normal que tardara unos segundos en levantarse.

Espectadores de la primera fila que sabían que no había demasiado que hacer al respecto, más que pegarle.

Contó la revista Futbol Total que los rivales lo amenazaban con un “te rompo las piernas”. La ira como herramienta para resolver el problema de la impotencia.

En la memoria quedarán tantos como aquel a Jaguares de Chiapas en los Cuartos de Final del Clausura 2004 donde se dedicó a gambetear para alargar la agonía del rival y hacer más profundo el gozo propio.

Imposible compartir un video del cual no queda un enlace con derechos de autor que lo permitan. Imposible no recrearlo en la cabeza, aunque sea chiapaneca.

Muchos hubieras en aquella Liguilla. Muchos incluyendo el que se pregunta qué pasaba si Marcelo Bielsa no lo convocaba a la Eliminatoria Sudamericana que se jugaba en plenas Semifinales de la Liga MX.

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Puede decir Hugo Sánchez que “muchas gracias”. Pueden decir lo mismo sus Pumas campeones de aquel año.

La imaginación a veces vale más que la realidad. Delgado nunca pudo ser El César de la Fiesta Grande. No quería asumir la responsabilidad y no lo hizo. ¿Para qué? Él sólo buscaba divertirse…

El ADN del juego de Chelito Delgado confesada en una respuesta

Charlando con VAVEL en el 2020 César reconoció que lo suyo no eran las anotaciones, por más que los festejara. Para él se trataba de sacarse a cuanto rival podía y luego dejarle la gloria al compañero.

“Lo que más me gustaba era encarar, y pasar a uno y pasar a otro y luego el centro. Más allá de la asociación lo que más me gustaba, y siento que era lo que mejor me salía, era encarar a un defensor y tirar el centro y que sea gol. Eso era lo más lindo que podía yo disfrutar. Un pase de gol se disfruta más que un gol convertido”, expresó.

Y qué razón. Hoy es sólo recuerdo de un futbol que parece que era otro deporte. 11 contra 11 y gana el que marque más. No para Chelito, no para sus gambetas.