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Opinión

Cruz Azul: a cuatro años de la gloriosa Novena Estrella de que llegó con Juan Reynoso

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¿Qué estabas haciendo el 30 de mayo del 2021 por la noche? Si estabas en la calle, seguramente traías cubrebocas. Si no, probablemente mirabas cómo el Cruz Azul de Juan Reynoso ganaba La Novena.

La Novena se escribe con mayúsculas porque durante 23 años y medio se añoró, porque era EL objetivo de Cruz Azul desde que una tarde de diciembre de 1997 Carlos Hermosillo le dio La Octava.

El entrenador peruano llegó casi de rebote al equipo, pero en el basquetbol hay canastas que se logran de esa manera, y en el futbol hay campeonatos que llegan de la misma manera.

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La peor cruzazuleada de todos los tiempos, base de La Novena

Como Ricardo Arjona nunca dijo, pero tal vez podría pensar, Cruz Azul es verbo, no sustantivo. Su cruzazuleada contra Pumas en diciembre (lo ganaba 4-0 y perdió por el mismo marcador) caló hondo.

Qué dolor sentirse tan cerca de avanzar a la Final y asumirse ganador sin haberla jugado y llorar por un gol con el partido agonizando.

Lo que vino después fue penoso. Héctor Huerta acusando sin pruebas a los jugadores de haberse “vendido”, Robert Dante Siboldi renunciando mediante un video en redes sociales y la afición, rota.

Muy Cruz Azul de su parte. Demasiado.

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Juan Reynoso, un rebote que significó gloria

El 2 de enero de 2021 llegó Juan Máximo Reynoso. Estaba lejos de ser un candidato firme para el equipo. Otros estrategas como Hugo Sánchez estaban en la mira.

Pero (Ronald Koeman dixit) es lo que hay. Y hubo mucho. Los títulos logrados en Perú no significaban nada en México, su paso por el Puebla, menos.

Nadie creía en él, salvo los jugadores. Cruz Azul no tuvo refuerzos, pero incorporó al plantel a Walter Chaque Montoya y a Guillermo Pol Fernández. Estaban cedidos y volvieron a ver si Reynoso los quería.

Y los quiso. Se tardó, pero a veces el amor sabe mejor si se cocina a fuego lento. Pol acabó siendo un fijo en la media cancha junto a Rafael Baca; Chaque, un relevo de súper lujo.

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Las rotaciones de Juan, claves para un invicto espectacular y un título inolvidable

Juan Máximo apostó por algo extraño, pero que a veces es efectivo: rotaciones.

Era raro que Cruz Azul repitiera alineaciones. Eso sí, había jugadores que casi nunca se movían del ’11’. Jesús Corona, Julio César Cata Domínguez, Pablo Aguilar y Pol Fernández, por ejemplo.

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Los demás no sólo entraban y salían, sino que cambiaban su posición según las necesidades. Roberto Piojo Alvarado (llegó a ser lateral izquierdo) y Luis Romo (defensa central) pueden recordarlo.

Al final los cementeros registraron un invicto de 19 partidos (histórico, empatado este año con Vicente Sánchez al mano) y el título.

La gran racha terminó contra el Toluca en la Ida de los Cuartos de Final 2-1. A cualquier versión del equipo eso la hubiera roto, pero no a la de Juan Máximo. En la Vuelta, una taconazo de Misael Domínguez abrió el camino para el 3-1 final.

Luego llegaron un 0-0 ante el Pachuca, el 1-0 en el regreso, el 0-1 frente a Santos y el 1-1 decisivo.

En el momento de la verdad, apareció un jugador de verdad

Lo perdía La Máquina 0-1 con gol de Diego Valdés al minuto 36. El equipo estaba dando un típico juego de Final, es decir, desastroso.

A Reynoso no le tembló la mano y para el segundo tiempo hizo entrar a Yoshimar Yotún por un errático Piojo y a Santiago Giménez por Orbelín Pineda.

“¡Basta ya!”, pareció decir, y “¡basta ya!”, le pudieron contestar los relevos. Se manifestaron como hacía falta y seis minutos después apareció un jugador de verdad: Jonathan Cabecita Rodríguez.

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Pase largo y cruzado casi desde la media cancha y definición a su más puro estilo: cucharéandola por encima de Carlos Acevedo. “¡Gol, gol, gol! ¡El gol que…!”

Por favor, que nadie se adelante…

Casi cae el 2-1 vía Bebote Giménez, pero faltó suerte.

Cuando Fernando Hernández hizo sonar su silbato, todo terminó. Generaciones que no habían visto Campeón de Liga a Cruz Azul lo celebraron como siempre lo habían querido y nunca habían podido.

Gracias, Juan Máximo. Gracias.