Qué complicado es hablar de una rivalidad sin caer en agresiones o calificativos baratos, qué complicado es entenderla como parte del juego y sacar lo mejor de eso para vivir con cierta decencia. Eso es lo que pretendo transmitir con esta columna. Ya somos adultos, ¿no?
Parecía -pensándolo bien, pensé mal- que en el 2024 los enfrentamientos entre dos clubes de futbol serían sólo parte de algo que nos pone frente a una pantalla y nos hacen abrazarnos con desconocidos en la calle mientras sonreímos.
Hace un rato estaba en el Metro de la Ciudad de México en plena hora pico -casi siempre es hora pico en esta capital- pensando en que no me fueran a abrir la mochila y me sacaran la computadora en la que escribo este texto de opinión. Entre idea y miedo se subió un señor de unos 60-70 años con bastón, chamarra gris -parecida a la del meme del perrito- y una camiseta tipo sport blanca con el logo del Cruz Azul y un logo de Nike. Abajo del escudo decía “campeón”. Fue imposible no olvidar el temor y sonreírle mientras le decía, “hoy se gana”. Complicidades implícitas.
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Hace un rato estaba en el Metro de la Ciudad de México en plena hora pico -casi siempre es hora pico en esta capital- pensando en que no me fueran a abrir la mochila y me sacaran la computadora en la que escribo este texto de opinión. Entre idea y miedo se subió un señor de unos 60-70 años con bastón, chamarra gris -parecida a la del meme del perrito- y una camiseta tipo sport blanca con el logo del Cruz Azul y un logo de Nike. Abajo del escudo decía “campeón”. Fue imposible no olvidar el temor y sonreírle mientras le decía, “hoy se gana”. Complicidades implícitas.
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¿Qué significa la rivalidad entre América y Cruz Azul?
Ahí pensé en la rivalidad que esta noche vivirá un nuevo y delicioso episodio. (Es delicioso porque el juego en sí es delicioso) y en lo que significa para mí ser aficionado al Cruz Azul y ver un partido contra el América.
Escribo lo primero. Ser cementero es ser obrero, es dejar un poquito de piel todos los días para tratar de satisfacer alguna necesidad y de repente un gustito. Es acordarme que todos los días tengo que poner cabeza, un poquito de músculo y otro montón de corazón para tirar hacia adelante. Otra no hay.
También es acordarme de mi abuelito que está allá arriba en el cielo haciendo corajes -porque tratándose de él y el futbol, el cielo no es todo lindo- con el Cruz Azul. Los hacía desde que era niño y veíamos juntos el futbol, ¿por qué no habría de repetir allá arriba? Celebrando cada tanto también, claro que sí.
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El azul y el blanco me unieron a él. Cuento una anécdota linda. Por favor, siéntate tantito y trata de no llorar, que yo también lo hago porque si no, adiós teclado. En el verano de 2005 le pedí que me regalara de cumpleaños ir al Estadio Hidalgo a ver un partido del Cruz Azul en el Torneo Pachuca Cuna del Futbol. Mi mamá me dijo que ni de broma lo haría porque él odiaba ir a la cancha. A ella y a mis tíos nunca quiso llevarlos.

Él dijo que sí, y por poco se arruina el plan porque me dio un catarro en días previos y era posible que lloviera. Con todo e impermeables hechos de bolsas negras de plástico nos subimos al coche y fuimos. Se me revolvió el estómago de los nervios a medio camino entre Tula, Hidalgo y Pachuca. Él no me regañó ni nada. 14 años tenía y por fin iba a ver a mi adorado Cruz Azul. Ganó, por cierto.
Semanas después él se murió haciendo lo que quienes nos identificamos como parte de la clase obrera hacemos: trabajando. Él quería irse así y así se fue.
Un día después de que lo enterramos ganó 0-5 en Ciudad Universitaria a los Pumas que tan mal le caían. Dime lo que quieras, él tuvo que ver en eso.
A partir de que eliges a quién apoyar también entiendes que hay un enemigo que representa justo lo opuesto. Mi papá me enseñó que ese rival era el América.
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Teorías de conspiración más, teorías de conspiración menos, crecí con la idea de la trampa y el “ganar como sea” en el enemigo. Los veranos y los inviernos sin partidos me confirmaron que su dinero puede más que muchas otras cosas.
Las Águilas se llevan a quien quieren y triunfan a como dé lugar, para bien o para mal. Además, son propiedad de uno de los empresarios más polémicos del país. Evidentemente tienen justo lo opuesto que Cruz Azul.
Los años y perder con frecuencia -finales incluidas- alimentaron la idea de que eran el némesis. Escuchar a otros aficionados -iba a poner fanáticos- todavía la llenaron con más de eso.
Hoy -como hace unos cuatro o cinco meses- lo veo de manera diferente. Es futbol. Alguna vez me deprimí -26 de mayo de 2013 no se olvida- por una derrota. Ahora entiendo que mi vida no cambia en absoluto y que la pelota es un lindo pretexto para disfrutar, aunque obviamente se disfruta más ganando. Ojalá suceda.
