La clausura del Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes y de la Plaza México es absolutamente ridícula. En un 2024 donde se puede consultar casi todo -empezando por los detalles de la celebración de eventos masivos- en cuestión de segundos, la ignorancia respecto a cuándo, cómo y dónde disputar un partido o llevar a cabo un concierto, se vuelve una irresponsabilidad.
Recuerdo la última fecha del Torneo Apertura 2002 de la entonces llamada Primera División Mexicana (hoy Liga MX). Todos los partidos -como era habitual en esos años- se disputaban el mismo día y a la misma hora (¿por qué no regresa esa práctica?) para ponerle emoción a la clasificación a la liguilla y a la lucha por el no descenso.
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Para ese certamen los directivos decidieron que los juegos fueran en domingo a las 4 de la tarde. Para Cruz Azul -que cumplía seis años jugando en el entonces Estadio Azul- hubo un serio problema: había corrida de toros a la misma hora en la Plaza México, ubicada a unos metros de su cancha.
Insisto, era 2002. El acceso al internet no estaba tan popularizado (ni siquiera se hablaba de smartphones) como ahora y se sabía de sobra que había evento taurino. No había manera de que el encuentro contra el Celaya (el último que disputó en Primera División) se jugara como estaba programado.
¿Qué pasó? Lo que tendría que haber ocurrido anoche: el partido se cambió de sede y asunto arreglado. En esa ocasión el equipo que dirigía José Luis Trejo fue local en el Estadio 10 de Diciembre de Ciudad Cooperativa Cruz Azul, Hidalgo. Así de sencillo.
La ley no ha cambiado en absoluto desde ese entonces. Sería absurdo que así fuera. Es una cuestión de seguridad, de evitar una mayor concentración de gente -que además tiene a su alcance el consumo de bebidas alcohólicas-y de que todo el mundo entre y salga con bien de los recintos.
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¿De verdad no sabían que había concierto y partido en la Plaza y en el Estadio?
Víctor Velázquez lo ha dicho claramente a Mediotiempo: la clausura del Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes es asunto de sus dueños, no de Cruz Azul, América, Atlante o la Liga MX. En parte tiene razón, y en parte no.
La primera pregunta es bastante obvia, pero necesaria de hacer. ¿En qué mundo vive el presidente de un equipo si no sabe que hay un concierto a unos metros de donde habrá un juego de futbol? Ambos eventos fueron anunciados en forma masiva desde días antes. ¿O sí sabía e hizo caso omiso?
Los mismos cuestionamientos pueden hacerse para la Liga MX, responsable de la organización del enfrentamiento entre los celestes y el Santos Laguna. ¿Nadie vio la publicidad del show de Coco? ¿De verdad nadie la vio? ¿Creía que su partido pospondría automáticamente el recital? ¿No se le ocurrió que tal vez -sólo tal vez- era buena idea buscar a los responsables de llevarlo a cabo y llegar a algún acuerdo?
Los dueños del estadio y de la plaza también tienen responsabilidad -y aplican las mismas preguntas- y son ellos quienes tendrán que resolver el problema -como lo dijo el dirigente de los celestes- para que lo programado no sufra mayores cambios.
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“Aquí juega el América, jugamos nosotros, el que te renta tiene la responsabilidad de no llevar a cabo dos eventos en el mismo tiempo” – Víctor Velázquez, presidente de Cruz Azul
Finalmente, el otro culpable es la autoridad. Los gobiernos de la Ciudad de México y de la Alcaldía Benito Juárez -vía protección civil- autorizaron que hubiera duelo de futbol y presentación musical a unos metros de distancia. Un “no” y/o un poquito de sentido común de cualquiera de las dos partes habrían evitado este tremendo ridículo.
El bochorno pasará a la historia y en días más días menos el Cruz Azul, el América y el Atlante volverán a jugar con público en el inmueble de la Ciudad de los Deportes. Ojalá todo el mundo aprenda la lección. Ojalá.
