Nada cambió. Absolutamente nada. Es la Selección Mexicana siendo la Selección Mexicana. La misma de los últimos 30 años. La palabra “crisis” tan o más usada que en cualquier otro aspecto de la vida misma en este país. Nada cambió. Absolutamente nada.
Perder y sufrir en Centroamérica, y encima llevarse una retahíla de insultos es lo más común desde hace años. A falta de un mejor nivel, la estrategia del rival pasa por presionar. Honduras, El Salvador, Panamá, Costa Rica, Guatemala cada tanto. Es lo mismo de siempre, especialmente en San Pedro Sula.
Y luego, casi por norma es ganar y a veces golear en México. No es cuestión de percepción. Es la realidad. Los dos Aztecazos ambos 1-2 contra Costa Rica (2001) y Honduras (2013) son sólo situaciones que se salen de lo establecido y horas después provocan el despido fulminante de un entrenador para que llegue otro a salvar los muebles en forma de clasificación al Mundial.
No sólo es en Centroamérica. También en Estados Unidos. Cada tanto -antes sólo en Eliminatoria y ahora también en la Nations League- toca que el Tricolor vaya a Columbus o a cualquier otro sitio al norte del Río Bravo, se congele y regrese con muchas dudas y la prensa atasque de lugares comunes la derrota. “Crisis”, “ya nos superaron”, “México dejó de hacer cosas”, “Hay estancamiento”. Calificativos más, calificativos menos.
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Juan Carlos Osorio, la maravillosa excepción a la regla mexicana
En 30 años sólo hubo un entrenador que -aprovechando circunstancias si así se desea ver- pudo cambiar con esa inercia y jugar a establecer una “nueva normalidad”: Juan Carlos Osorio. El repudio de un sector por sus (casi) eternas rotaciones es directamente proporcional a sus resultados en esas sedes tan normalmente desgraciadas para México.
En 2015 fue a San Pedro Sula a ganar por primera vez en más de 30 años. Las formas fueron lo de menos. Contragolpe con todo y Oswaldo Alanís jugando de lateral. Si era lo que se necesitaba para sacar el resultado era más que válido.
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En 2016 le tocó ir a Columbus, Ohio en plenos días de frío y quien acabó congelada fue la historia. Primera victoria en 50 años. No importó si fue con un Rafael Márquez que vivía sus últimos meses como profesional. Importaba sacar tres puntos y nada más.

Y luego, de vuelta a lo de siempre con la Selección Mexicana
Que Gerardo Tata Martino, Diego Cocca, Jaime Lozano y Javier Aguirre hayan sufrido con las salidas mexicanas en Concacaf no debería sorprender a nadie. Todo volvió a su cauce con eso. La diferencia es que Cocca no tuvo tiempo de lucir en el Azteca o en alguna plaza mexicana que lo arropara. Todos los demás se salvaron un poco gracias a eso y otro poco, a sus ideas bien aplicadas.
Pero para Estados Unidos y los equipos de Centroamérica lo más común del mundo es llegar al país y sufrir casi siempre por la altura. Decir que no les va a afectar y al final buscar calificativos y razones del estilo que sea para tratar de entender y/o justificar una derrota.
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Lo que sucedió anoche tuvo aderezos agradables. Un 4-0 siempre lo es. Un 4-0 con apoyo de la afición y jugando un futbol atractivo siempre suele ser bien visto. Pero no deja de ser lo habitual para México, al menos en los últimos 30 años.
No hay un avance, simplemente es seguir siendo lo que el Tricolor ha sido. Y a estas alturas es bastante…
