La enorme inversión que hizo Cruz Azul para el Clausura 2025 quedó en nada. Los futbolistas elegidos no ayudaron demasiado al equipo. No pesaron cuando tenían que hacerlo.
El invierno pasado fue espectacular para unos cementeros que ilusionaron a su afición con dar el salto que no dan desde el Guard1anes 2021, cuando ganaron su último título de Liga MX.
Sin embargo, salvo Jesús Orozco Chiquete, ninguno se hizo de un espacio como titular o como relevo de lujo. Si llegó a Semifinales fue por los jugadores que estaban, no por los nuevos.
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Omar Campos, un fichaje innecesario y desaprovechado
Omar Campos llegó a un Cruz Azul que ya contaba con Rodolfo Rotondi como carrilero por izquierda.
Pero no sólo se trata de su posición, sino de su rol. Los dos son mucho mejores atacando que defendiendo. Quería quitarle el puesto, pero no pudo.
La manera en la que podían haber funcionado juntos era si los cementeros apostaban por jugar con una línea de cuatro en la zaga (con Campos como lateral izquierdo) para dar espacio a Rodolfo como volante-extremo por ese sector.
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Como Vicente Sánchez no apostó por esa idea, no hubo manera que le quitara el puesto, salvo cuando el argentino estuvo lesionado.
Tras lastimarse contra el Guadalajara, reapareció ante el América en la Vuelta de las Semifinales por la baja de Rotondi.
No quedó exhibido en los goles, pero tampoco marcó la diferencia.
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Mateusz Bogusz, de más a menos
Mateusz Bogusz nunca acabó por pesar en Cruz Azul. El suyo era un fichaje ilusionante porque podía darle al equipo algo que no tenía: desequilibrio.
Entre que no se notó a gusto físicamente en ningún momento y tampoco logró encontrar una sociedad importante, no marcó diferencia alguna.
La mayor muestra fue en la Liguilla frente al América. Defendiendo en la Ida sufrió por falta de oficio, y con libertad para atacar en la Vuelta, tomó muy malas decisiones.
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Detalles importantes como su control de balón acabaron por perjudicarlo. Parecía perdido.
En general eso fue lo que le sucedió en gran parte del torneo. Lo pasó mal y acabó perdiendo la confianza de un Vicente Sánchez que sólo lo usó cuando no tuvo de otra.
Luka Romero no supo marcar la diferencia
En teoría iba a formar una sociedad importante con Mateusz Bogusz. Era su oportunidad de lucir tras cuatro años en Europa sin gran continuidad ni éxito.
Sin embargo, cuando salieron juntos a la cancha parecían estorbarse. No se notaron cómodos y el equipo sufrió.
Acabó perdiendo la titularidad, primero con Ignacio Rivero (por cambio de roles en el once), luego con Andrés Montaño y finalmente con el propio polaco.
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Cuando entró de cambio en la Liguilla no se notó en absoluto que se trataba de un futbolista diferente.
Ni conducciones, ni cambio de ritmo, ni pases profundos peligrosos, ni velocidad, ni remate. No pasó nada con él cuando le tocaba pesar.
Por su edad tiene margen de mejora, pero tocará esperar que el nuevo entrenador cementero lo entienda y pueda sacar lo máximo de él.
Jesús Orozco Chiquete, el único refuerzo que realmente pesó
A Jesús Orozco Chiquete le tomó tiempo adaptarse a lo que Vicente Sánchez necesitaba de él.
No se caracterizaba por una gran salida o por su toque, pero llegó para dar seguridad al equipo.
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Mantuvo esa fortaleza, ayudó en los balones por aire y agregó a su juego detalles ofensivos que no se le habían visto en Chivas.
Padeció al inicio por no adaptarse a Gonzalo Piovi ni a Willer Ditta, y fue suplente del argentino. Lo relevó cuando se lesionó y empezó a lucir.
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Acabó como un fijo en la zaga junto a Piovi y Ditta. Queda por ver cuál será el rol que ocupe en la siguiente etapa del club.
Emmanuel Ochoa: paciencia, mucha paciencia
Emmanuel Ochoa no llegó a Cruz Azul para ser un elemento importante a corto plazo. Tercer portero detrás de Kevin Mier y de Andrés Gudiño, se sabía que no tendría minutos.
Salió a la banca sólo en un juego de la Liga MX (contra el León), pero su continuidad se dio en la Categoría Sub 23.
Toca que sea paciente y aguarde su oportunidad. Llegará, pero no en el Apertura 2025, salvo algo excepcional.
