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Cuando los Rayos electrocutaban. El Necaxa y su era dorada en Liga MX

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Hubo una época en el que los mejores jugadores mexicanos sabían que el Necaxa era un gran sitio ara estar y para aspirar a ser campeones de cualquier torneo que disputaran.

No se trataba de ser populares, se trataba de estar en lo más alto del futbol mexicano y ser reconocidos a punta de copas y trofeos.

Fue una era espectacular para muchos futbolistas y para un par de entrenadores. Los maravillosos noventas estuvieron pintados de rojo y de blanco. Los Rayos soñaron en casa y fuera le provocaron pesadillas al mismísimo Real Madrid.

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La mejor época en la historia del Necaxa

Hay dos maneras de relacionar al Necaxa con la gloria. La primera es en blanco y negro y tiene como protagonistas a los 11 hermanos; la segunda, a color con el Lapuentismo como eje conductor. Hoy elegimos esa.

La historia comienza un poco antes, con Roberto Saporiti en el año de 1991. Llegó para relevar a su compatriota Eduardo Luján Manera. Televisa, la empresa que era dueña del club, quería a un equipo que compitiera con los mandones de la Primera División.

Con el Sapo hubo tres fases finales entre 1991 y 1994 y su máximo logro fueron las Semifinales de la 1991-92. El equipo podía dar más y para eso fichó a Manuel Lapuente, dos veces Campeón con el Puebla. Tal vez no jugaba tan bonito como el América de Leo Beenhakker, pero ya sabía de liguillas.

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Y así sucedió. No hizo falta que dominara la temporada 1994-95. Fue la cuarta mejor ofensiva (69 goles) y la tercera mejor defensa (38). Acabó en el cuarto sitio de la tabla general y en el segundo del Grupo 1.

En la Liguilla apostó por una clave mágica: solidez y no perder nunca. Eliminó a Tecos en Cuartos de Final (vigente monarca) tras ganarle 0-2 y 2-1; en Semifinales echó a Chivas tras igualar 0-0 en el primer juego y empatar 1-1 en el segundo, avanzando por su mejor posición en la tabla; en la Final la víctima fue Cruz Azul, empatando 1-1 en la Ida y venciéndolo 0-2 en la Vuelta.

Nombres propios: Ivo Basay, Alex Aguinaga, Nicolás Navarro, Ignacio Ambríz, Ricardo Peláez, Alberto García Aspe y Efraín Herrera. El trabajo de éste último fue clave: marcar a Julio Zamora e impedirle que conectara con Carlos Hermosillo. Lo logró y el Necaxa se coronó.

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El siguiente reto se llamaba Bicampeonato. Sucedió. Acabó en segundo lugar de la tabla y en primero del Grupo 4. Fue la segunda mejor ofensiva y defensiva, sólo por debajo de La Máquina.

En la Liguilla otra vez estuvo impecable. Le ganó al descendido Tigres 0-1 en la Ida de los Cuartos de Final y empató 1-1 en la Vuelta; en Semifinales acabó con el América tras vencer 0-2 en la Ida y otra vez sacar un 1-1 en la Vuelta.

La Final merece un párrafo aparte. En el reglamento decía que en caso de empate el equipo Campeón sería el que hubiera marcado más goles como visitante. Increíble, pero cierto. El rival fue el Celaya de Emilio Butragueño. Igualó 1-1 en la Ida y en la Vuelta no pasó del 0-0. El tanto del título fue de Ricardo Peláez. Después de eso se terminó esa regla.

Pudo llegar el tricampeonato en el Invierno ’96, pero un gol de Jared Borgetti le dio el título al Santos y evitó la gloria del Necaxa.

Tras el Invierno ’97 Manuel Lapuente dejó a los Rayos y se fue a dirigir a la Selección Mexicana que competiría en el Mundial de Francia ’98. Asumió el puesto su auxiliar Raúl Arias.

Raúl se quedó con las ganas en el Verano ’98 porque el Toluca provocó un ‘apagón’. En la Ida ganó 2-1 la escuadra de la Ciudad de México, pero en el Estado de México cayó 5-2.

La revancha llegó rapidito y de buen modo. El cabalero cuarto lugar de la tabla dio una mano. Otra vez no fue la mejor ofensiva ni la mejor defensiva, pero la Liguilla es otra cosa y esa otra cosa la sabía jugar muy bien el equipo del entonces llamado Distrito Federal.

Arrancó con dudas tras caer 2-0 ante Tecos en la Ida de los Cuartos de Final, pero se desquitó con un 3-1 en la Vuelta; al Atlas le sacó el 0-0 en el primer juego de las Semifinales y le ganó 3-2 en la Vuelta; Chivas era el rival en la Final y tras igualar 0-0 en el Estadio Azteca un gol de Salvador Cabrera y otro de Sergio Vázquez le dieron su último título.

Todavía quedó algo de esos Rayos. Lo supo el Real Madrid en el Mundial de Clubes que se jugó en el 2000, tras caer en penaltis 4-3.

El último recuerdo de ese gran Necaxa llegó en el Verano 2002 cuando se instaló en la Final que perdió por global de 3-2 contra el América. Un año después se mudó a Aguascalientes y al poco tiempo cambió de dueños.